
La búsqueda del cuerpo o el rostro perfecto, potenciada por el narcisismo y las redes sociales, puede tener consecuencias muy peligrosas para la salud, e incluso terminar con apariencias mucho peores que la que originalmente se quiere corregir. Dos casos recientes reflejan este problema para ambos sexos y en lugares muy distintos.
El primero es el influencer de fitness Kirill Tereshin, un exmilitar ruso apodado “Popeye” por el tamaño de sus brazos. El joven de 24 años se inyectó litros de vaselina para agrandar sus bíceps, en un tratamiento muy peligroso que podría derivar en la pérdida de movilidad de sus miembros superiores.
«No pensé en las consecuencias», lamentó Tereshin, que ahora intenta revertir el daño causado. Alana Mamaeva, una activista que ayuda a víctimas de cirugías plásticas, lo convenció de visitar a especialistas. Y el cirujano Dmitry Melnikov le extrajo la vaselina, con la advertencia de que pudo haber perdido la vida si no se los quitaba a tiempo.
Por su parte, Juliana Oliveira, más conocida como Juju do Pix, sufrió una fuerte deformación de su rostro en 2017, cuando buscaba inyectarse silicona, aunque en la clínica en la que la atendieron le suministraron aceite mineral y laxantes.
La influencer brasileña de Passo Fundo, de 32 años, recibió 21 jeringas de aceite mineral en el rostro sin su consentimiento, lo que le provocó una severa deformación facial, con varios consiguientes problemas sociales y de salud mental.
Juju do pix sufrió problemas para encontrar empleo y acudió a las redes sociales para contar su historia y pedir ayuda económica. Ahora intenta tomarse el tema con humor. “Si nada es seguro en esta vida, al menos me volví rubia”, dijo en un video.
