
Datos del Hospital Universitario Austral destacan el avance de las microcirugías laminares, que reducen las tasas de rechazo y aceleran notablemente la recuperación visual. En el país, más de 2.200 personas permanecen en lista de espera.
El trasplante de córnea en la Argentina consolida su posición como un procedimiento quirúrgico altamente exitoso y seguro. Muestra de ello son las estadísticas de la Sección de Córnea y Superficie Ocular del Hospital Universitario Austral, que registra una tasa de sobrevida de sus trasplantes superior al 90% durante el primer año de realizada la intervención.
Este procedimiento médico está indicado cuando la córnea pierde su transparencia o su regularidad anatómica, provocando una disminución de la visión que ya no puede corregirse con anteojos ni lentes de contacto. Entre las causas más frecuentes que derivan en una cirugía se encuentran el queratocono avanzado, las distrofias corneales (como la de Fuchs), el edema corneal por falla del endotelio y las cicatrices causadas por infecciones (queratitis), traumatismos o cirugías previas.
De acuerdo con los profesionales médicos, el elevado porcentaje de éxito y la viabilidad del tejido están directamente ligados a una evolución fundamental en los quirófanos: la migración global hacia las técnicas laminares o lamelares (como DMEK, DSAEK, ALK y DALK). A diferencia de la histórica Queratoplastía Penetrante (PK) —en la cual se remueve por completo el espesor de la córnea lesionada—, la microcirugía lamelar aprovecha las seis capas celulares superpuestas de la córnea para intervenir de forma mínimamente invasiva, implantando únicamente la porción de tejido que se encuentra enferma y preservando intactas las capas sanas.
«Estas técnicas selectivas determinan córneas mucho más estables en el largo plazo, disminuyen notablemente la tasa de rechazo inmunológico o falla del injerto, y ofrecen una recuperación visual más rápida, que pasa de durar un año a medirse en semanas o pocos meses», detalló el doctor Federico Luengo Gimeno (MN 111603), jefe del Equipo de Córnea y Superficie Ocular del Hospital Universitario Austral. En dicha institución, el 77% de las intervenciones se realizan mediante implantes laminares selectivos, reservando la sustitución total para el 23% restante de los casos complejos.
Prevención y el desafío de la lista de espera
Los especialistas advierten que el éxito integral también depende de la detección precoz mediante controles oftalmológicos periódicos y la aplicación de tratamientos intermedios modernos que permitan retrasar o evitar un trasplante. Medidas preventivas simples, como evitar frotarse los ojos —especialmente en pacientes con alergias o sospecha de queratocono— y realizar un seguimiento estricto tras cirugías de catarata, resultan clave.
Por otra parte, la efectividad de la cirugía adquiere un enorme impacto social si se tiene en cuenta que el trasplante sigue siendo una herramienta crucial para recuperar la autonomía. Actualmente, los datos oficiales del Sistema de Información de Trasplante de la República Argentina (SINTRA) reportan a más de 2.200 personas en lista de espera específica para este tejido.
Afortunadamente, la procuración de tejidos coordinada por el INCUCAI muestra una recuperación sostenida tras la pandemia, buscando mitigar las asimetrías regionales en los tiempos de espera a través de programas federales. Para sostener e incrementar la tasa de éxito del sistema, los expertos enfatizan la necesidad de desarticular mitos sociales, garantizando de forma categórica que la extracción de córneas no desfigura el cuerpo del fallecido y que las auditorías de asignación son totalmente transparentes.
