
La interna en el oficialismo libertario sigue escalando y deja al desnudo profundas fisuras, agudizadasr tras la sesión de este jueves en el Congreso. En el ojo de la tormenta, una vez más, se encuentra la vicepresidenta Victoria Villarruel, blanco de renovadas críticas por parte de la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, quien no dudó en señalarla como «cómplice del kirchnerismo destructor». Sin embargo, en un giro previsible, la defensa de Villarruel llegó desde la oposición, de la mano del senador peronista José Mayans.
El último capítulo de esta saga política se escribió en un acto en Tres de Febrero, donde Bullrich arremetió con dureza contra la titular del Senado. «La Vicepresidenta tenía que haberse puesto a la cabeza de decir ‘no voy a estar frente a una sesión que no es correcta, no es legal, no es legítimo, porque no estaba convocada’», sentenció Bullrich, y agregó con vehemencia: «Que se ponga del lado de la gente, no de los senadores kirchneristas que querían ver al presidente subiéndose a un helicóptero».
La embestida de Bullrich no se limitó a sus declaraciones públicas. A través de su cuenta de X (ex Twitter), la ministra acusó a Villarruel de ser «cómplice del kirchnerismo destructor», instándola a «levantarse» y «no denigrar la institución que preside».
La respuesta de Villarruel no se hizo esperar. La amiga de Jorge Rafael Videla, visiblemente molesta, recordó a Bullrich la naturaleza federal del Senado: «El Senado es la casa de las provincias, así que antes de hacerse la picante repase la Constitución Nacional, donde dice con claridad que Argentina adopta para su gobierno el sistema representativo, republicano y federal». Además, Villarruel lanzó una dura acusación sobre el pasado de la ministra de Seguridad, al afirmar: «Todos los argentinos saben de qué lado estoy en lo que a kirchnerismo se refiere, porque los combatí siempre, mientras ud. pululaba de partido en partido”.
Villarruel justificó su accionar en la sesión, explicando que su rol institucional como Vicepresidenta implica presidir las sesiones, «me gusten o no». «Me votaron para defender la institucionalidad y hacerla respetar, no para levantarme cuando las papas queman o cuando el Ejecutivo recuerda que soy Vicepresidente», sentenció. En otro posteo, la vicepresidenta enfatizó la soberanía del Senado como cuerpo, destacando que son los senadores quienes «toman sus propias decisiones» y «deben encontrar los caminos de diálogo y consenso».
La tensión se intensificó aún más con la intervención del propio presidente Javier Milei, quien, sin nombrar directamente a Villarruel, la tildó de «traidora» durante un discurso en la Bolsa de Comercio.
La defensa de Mayans: «Cumpliendo su deber constitucional»
En medio de este fuego cruzado, el senador peronista José Mayans, presidente del interbloque de senadores de Unión por la Patria, emergió como un inesperado defensor de Victoria Villarruel. En una entrevista, Mayans fue enfático al desestimar las acusaciones de conspiración contra la vicepresidenta. «Ella estaba cumpliendo su deber constitucional al permitir que la sesión del Senado se llevara a cabo», afirmó Mayans, refiriéndose a la aprobación de leyes clave como las de jubilaciones y moratoria previsional.
El senador por Formosa explicó que la vicepresidenta actuó en el marco de sus responsabilidades institucionales, independientemente de las presiones políticas. Mayans no solo defendió la legalidad de la sesión, sino que también criticó la postura del gobierno, señalando que los gobernadores no respaldan al presidente debido a la significativa caída de ingresos y la pérdida de fondos de inversión en sus provincias.
La intervención de Mayans subraya la compleja dinámica política actual, donde las alianzas y desavenencias trascienden las fronteras partidarias tradicionales. La defensa del senador peronista a la vicepresidenta libertaria, en un contexto de ataque frontal por parte de una ministra del mismo signo político, evidencia la fragilidad de los consensos internos y la búsqueda de equilibrios en un Congreso fragmentado.
La saga entre Bullrich y Villarruel, con Mayans como un actor clave en la defensa de la institucionalidad, promete seguir siendo uno de los focos de atención en la política argentina, marcando el pulso de las tensiones dentro y fuera del oficialismo.
