
El equipo conducido por Mikel Arteta rompió el maleficio histórico de los «Gunners» sin necesidad de jugar. El empate del Manchester City ante el Bournemouth estiró la diferencia a cuatro puntos a falta de una fecha, desatando la euforia en el norte de Londres.
La espera más agónica y esquiva del fútbol moderno en Inglaterra llegó a su fin. Después de más de dos décadas a la sombra de los gigantes financieros de la liga, de reconstrucciones institucionales eternas y de campañas recientes donde la gloria se le escurrió en el último suspiro, el Arsenal se coronó campeón de la Premier League. El veredicto definitivo que sentenció la temporada no necesitó de la mística del Emirates Stadium, sino que se dictó a kilómetros de distancia, en el Vitality Stadium, donde el sorpresivo empate del Bournemouth ante el Manchester City desató una marea de festejos en la capital británica.
Con la penúltima jornada consumada, la tabla de posiciones determinó una sentencia matemática inapelable: el Arsenal se consolidó en la cima con 82 puntos, dejando relegado al equipo de Pep Guardiola en el segundo escalón con 78 unidades. Con apenas tres puntos en juego en la fecha de cierre programada para el próximo domingo, la ventaja de cuatro puntos se transformó en una distancia inalcanzable para los de Mánchester, consagrando de manera anticipada al proyecto futbolístico liderado por Mikel Arteta.

La recompensa a la fidelidad de un proceso
Esta consagración representa un desahogo absoluto para una institución y una masa de aficionados que venían masticando arena en los últimos tres años. El Arsenal había peleado los campeonatos precedentes palmo a palmo, pero terminó claudicando sistemáticamente ante el poderío económico y el dominio implacable del propio Manchester City de Guardiola y el Liverpool. Sin embargo, la dirigencia londinense optó por blindar la gestión de Arteta, sosteniendo una idea de juego y una política de fichajes jóvenes que hoy recoge su premio máximo.
El logro adquiere ribetes todavía más ambiciosos si se considera el calendario del primer equipo. Lejos de conformarse con el campeonato doméstico, la plantilla se encuentra en las vísperas de disputar la final de la UEFA Champions League, certamen donde buscará cerrar un doblete histórico enfrentando al París Saint-Germain (PSG).
El quiebre con la era de «Los Invencibles»
Para dimensionar la profundidad del bache deportivo que acaba de enterrar el club del norte de Londres, es necesario remontarse en los libros de historia hasta la mítica temporada 2003/04. Aquella fue la última oportunidad en la que el Arsenal levantó el trofeo de la Premier League, bajo la conducción estratégica de Arsène Wenger y con aquel recordado plantel apodado «Los Invencibles» que integraban leyendas de la talla de Thierry Henry, Patrick Vieira, Robert Pirès y Dennis Bergkamp.
A lo largo de los 22 años posteriores, la institución atravesó mudanzas de estadio, crisis financieras y un marcado declive competitivo que lo marginó del plano de la élite europea. Hoy, con un plantel de matriz netamente asociativa y capitaneado por una nueva generación de futbolistas, el Arsenal vuelve a escribir una página dorada en sus vitrinas, consagrando una de las reconstrucciones colectivas más complejas del deporte rey.
