
Las hortalizas y las frutas representan una porción fundamental en el consumo de la canasta alimentaria argentina. Su incidencia en el Índice de Precios al Consumidor (IPC) medido por el INDEC alcanza el 2,2% para las verduras y el 1,3% para las frutas en el Gran Buenos Aires. Durante el mes de agosto de 2026, el comportamiento de estos productos mostró una dinámica sumamente dispar, fuertemente condicionada por inclemencias climáticas, conflictos logísticos internacionales y estrategias comerciales disímiles entre los mercados mayoristas y las cadenas de supermercados.
En el segmento de Verduras, Tubérculos y Legumbres (VTL) —compuesto por papa, tomate, zapallo, cebolla, lechuga y batata— el promedio ponderado en el Mercado Central de Buenos Aires (MCBA) registró un incremento mensual del 3,2% respecto a julio. Esta cifra es el resultado de movimientos sumamente heterogéneos: la cebolla trepó un 35%, la batata un 17,2%, el zapallo un 9,4% y la papa un 5,1%. En sentido inverso, la lechuga experimentó un desplome del 39,3% y el tomate cayó un 8,3%.
Las oscilaciones en este apartado responden a variables directas de abastecimiento. Durante la primera quincena de agosto, el clima adverso redujo drásticamente el ingreso de papa desde el sudeste bonaerense, al tiempo que la cebolla registró escasa oferta y lotes de baja calidad, lo que presionó los valores al alza. Por el contrario, la pronunciada baja de la lechuga se explicó por un mercado sobreabastecido que se topó con una retracción en la demanda de los consumidores debido a las bajas temperaturas invernales.
El panorama en el segmento de las frutas arrojó incrementos mucho más marcados. El promedio ponderado mayorista exhibió una suba del 11,8%, traccionada casi de forma exclusiva por la banana, cuyo precio se disparó un 42%. También acompañaron el alza el limón (7%) y la naranja (0,6%), mientras que la manzana fue la única en mostrar una deflación del 2,4%.
El caso de la banana expone la vulnerabilidad logística del mercado nacional. La variedad proveniente de Ecuador —que marca el pulso del abastecimiento general— promedió los 2.435 pesos por kilo, ubicándose un 38% por encima de la media del mercado. Este encarecimiento fue una consecuencia directa del cierre del Paso Internacional Cristo Redentor, que permaneció bloqueado por fuertes nevadas durante más de 34 días. Esta situación forzó a los transportistas a desviar su recorrido hacia los pasos alternativos en la provincia de Neuquén, agregando hasta 1.000 kilómetros de viaje. Las demoras, la menor disponibilidad y el drástico incremento en los costos de flete impactaron de lleno en la cotización mayorista.
A partir de los movimientos registrados en el Mercado Central, se estima que la traslación de estos números al IPC del INDEC arrojará una suba proyectada del 2,4% en el segmento de verduras y del 12,1% en el apartado de las frutas, impactando en conjunto con cerca de 0,3 puntos porcentuales en la división general de Alimentos y Bebidas no alcohólicas.
Sin embargo, el dato más revelador del informe radica en el comportamiento de los canales minoristas. En las grandes cadenas de supermercados, el promedio de los precios corrientes de las hortalizas aumentó un 3,9% en agosto, impulsado por saltos del 70,4% en el zapallo, 42,5% en la cebolla y 31,8% en la papa.
Al cruzar los datos minoristas con los mayoristas, la brecha de precios ponderada alcanzó un alarmante 112%, escalando 22 puntos porcentuales respecto a julio. Las diferencias más pronunciadas se evidenciaron en la lechuga (380,7%), el zapallo (110,7%), el tomate (109,5%) y la cebolla (107,4%). Esta enorme disparidad demuestra empíricamente que los supermercados no trasladan de forma lineal ni proporcional los ajustes del mercado mayorista. Mientras que las subas de costos se aplican rápidamente a los precios de góndola, las reducciones estacionales o por sobreoferta en el Mercado Central se absorben de forma lenta o directamente no se trasladan al consumidor, ampliando significativamente los márgenes de comercialización en detrimento del bolsillo ciudadano.
