ActualidadEspectáculosSociedad

Pity Álvarez volvió a los escenarios: un regreso histórico ante 35 mil personas en Córdoba

Después de más de diez años alejado de los shows en vivo, el exlíder de Viejas Locas e Intoxicados regresó a los escenarios con un recital multitudinario en el estadio Mario Alberto Kempes. Fue un show extenso, ordenado y cargado de emoción, que reunió a distintas generaciones del rock argentino.


El regreso de Cristian “Pity” Álvarez a los escenarios dejó de ser una posibilidad para convertirse en un hecho histórico. El sábado por la noche, ante más de 35 mil personas, el estadio Mario Alberto Kempes de Córdoba fue testigo de una vuelta tan esperada como improbable: la de uno de los músicos más influyentes y controversiales del rock nacional, después de casi una década sin presentaciones en vivo.

El recital comenzó a las 21.25, con una puntualidad inusual en la trayectoria del artista y tras 3.212 días sin conciertos. Ese detalle no fue menor: marcó desde el inicio un quiebre con la imagen errática que durante años rodeó a Álvarez. Lejos del caos, el Pity ofreció un espectáculo de dos horas y media, cuidadosamente estructurado, con una lista de 33 canciones que recorrieron distintas etapas de su carrera.

Un regreso sin explicaciones, solo música

La vuelta de Álvarez se dio en un contexto inevitablemente cargado. Desde 2018, su nombre quedó asociado a una causa judicial por el homicidio de Cristian Díaz, internaciones, tratamientos psiquiátricos y una lucha pública contra las adicciones. La causa continúa abierta, aunque suspendida por razones de salud mental. Sin embargo, nada de eso fue explicitado desde el escenario.

El pasado estuvo presente, pero como un eco. No hubo discursos explicativos ni pedidos de absolución. El pacto tácito entre el músico y su público fue claro: la noche era para la música, no para el escándalo ni la polémica.

Tres generaciones cantando lo mismo

La postal del Kempes fue elocuente. Familias, grupos de amigos, fanáticos históricos y jóvenes que nunca habían visto a Pity en vivo compartieron el mismo espacio. Muchos de los asistentes más jóvenes conocían su obra solo a través de grabaciones, relatos o videos. Esa mezcla generacional fue uno de los rasgos más fuertes del recital: canciones que atravesaron el tiempo y se convirtieron en parte del cancionero popular del rock argentino.

Álvarez apareció vestido con botas y pantalón a rayas, acompañado por una banda numerosa, más cercana al espíritu musical de Intoxicados que al sonido crudo de Viejas Locas. La puesta incluyó luces trabajadas, vientos y una estética teatral que se sostuvo durante todo el show.

En uno de los primeros gestos simbólicos de la noche, el cantante roció a sus músicos con purpurina plateada como forma de agradecimiento, buscando que “brillaran literalmente”. El gesto, excéntrico y afectivo a la vez, marcó el clima del recital.

Clásicos, emoción y teatralidad

El arranque combinó potencia y nostalgia: fragmentos de El Rey dieron paso a Intoxicado y Nena, me gustas así. Luego llegaron temas como Mi inteligencia intrapersonal, Tirado en la estación, No tengo ganas, Me gustas mucho y Está saliendo el sol, cantados a coro por todo el estadio.

Uno de los momentos más emotivos se dio con Homero, la canción dedicada a su padre. El tema fue recibido con un silencio respetuoso que desembocó en un aplauso cerrado, en uno de los pasajes más íntimos de la noche.

La teatralidad también tuvo su lugar. En una escena que rozó la ironía y la autocaricatura, Pity apareció con una correa atada a una mujer que le sirvió un trago y le encendió un cigarrillo antes de dejarlo solo con su guitarra. En las pantallas, imágenes inesperadas —como apariciones de Mirtha Legrand y Yiya Murano— reforzaron ese cruce entre cultura popular, humor negro y delirio controlado que siempre formó parte de su universo artístico.

El momento más crudo

El punto emocional más alto llegó en el segundo bloque del recital. Visiblemente conmovido, Álvarez se quebró y pronunció una de las frases más resonantes de la noche:
“Solo el universo me puede juzgar”.

El llanto fue genuino y el estadio respondió con una ovación que mezcló empatía, respeto y devoción. Minutos después, antes de interpretar Te empezás a chorrear, lanzó otra reflexión cargada de ironía y autocrítica:
“Vamos con un tema que hice cuando era chiquito y era tan insolvente. Me tengo que hacer cargo de las cosas que hice, ¿no?”.

Un cierre a la altura del mito

El tramo final sostuvo la intensidad con clásicos como Fuego, Nunca quise y Lo artesanal. Nunca quise provocó un desahogo colectivo, con lágrimas visibles entre el público. Tras una despedida engañosa y con parte del estadio ya vacío, Pity regresó para un cierre contundente con ¿Quieren rock? y Una piba como vos.

El regreso de Pity Álvarez no fue una celebración ingenua ni una absolución pública. Fue, más bien, un acto artístico poderoso, cargado de contradicciones, memoria y emoción. Una noche que dejó en claro que, pese a todo, su obra sigue viva y su lugar en la historia del rock argentino permanece intacto.

Cerrar
Cerrar