
Especialistas que participaron en la autopsia detallaron el crítico deterioro orgánico del astro. En paralelo, el psicólogo Carlos Díaz rompió el silencio con una declaración impactante sobre el estado en que encontró al «10».
El juicio por la muerte de Diego Armando Maradona sumó este martes testimonios técnicos determinantes que exponen la fragilidad física en la que se encontraba el ídolo antes de su fallecimiento. Médicos forenses, anatomopatólogos y bioquímicos comparecieron ante el tribunal para ratificar los hallazgos de la autopsia, describiendo un cuerpo que presentaba fallas multiorgánicas y un deterioro crónico avanzado.
Federico Corasaniti, médico forense que declaró vía remota desde España, describió un escenario sombrío en la habitación de Tigre donde Maradona pasó sus últimos días. Según el profesional, el cuerpo presentaba un «edema generalizado» y un abdomen notablemente distendido por la acumulación de líquidos. El corazón, pieza central de la pericia, se encontraba significativamente agrandado, una condición que, sumada al cuadro de salud general, resultó incompatible con la vida el pasado 25 de noviembre de 2020.
Por su parte, la anatomopatóloga Silvana De Piero confirmó que el hígado de Maradona mostraba signos claros de cirrosis hepática, mientras que sus riñones evidenciaban daños por hipoxia (falta de oxígeno). A estos hallazgos se sumó la detección de un edema cerebral y procesos degenerativos en los pulmones. No obstante, el bioquímico Ezequiel Ventossi fue categórico al informar que los análisis toxicológicos descartaron de forma absoluta la presencia de alcohol o drogas de abuso en el organismo, hallándose únicamente fármacos recetados para sus tratamientos.
La defensa de Carlos Díaz: «Me recordó a mi padre alcohólico»
En la misma jornada, el psicólogo Carlos Díaz, uno de los principales imputados bajo la carátula de homicidio simple con dolo eventual, brindó una declaración cargada de contenido emocional y técnico. Díaz intentó mitigar su responsabilidad subrayando la brevedad de su intervención: “Conocí a Maradona solo 29 días antes de su muerte”, afirmó.
El profesional relató el impacto que le causó ver al exfutbolista por primera vez el 26 de octubre de 2020: “Estaba en un sillón tomando vino y la primera imagen me impactó, me recordó a mi padre alcohólico”, sentenció ante el tribunal. Díaz defendió su trayectoria académica y profesional en el área de adicciones y justificó la decisión de no proceder a una internación involuntaria amparándose en la Ley de Salud Mental, la cual califica dicha medida como un recurso excepcional.
La causa, que cuenta con otros siete imputados —entre ellos el neurocirujano Leopoldo Luque y la psiquiatra Agustina Cosachov—, busca determinar si existió una gestión negligente o un abandono de persona que derivó en el deceso del máximo referente del fútbol argentino. Las penas previstas para este delito oscilan entre los 8 y los 25 años de prisión.
